Las parábolas de Jesús
(52) Administrador infiel
Lucas 16, 1-9

1 Decía también a sus discípulos: «Era un hombre rico que tenía un administrador a quien acusaron ante él de malbaratar su hacienda;
2 le llamó y le dijo: "¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir administrando."
3 Se dijo a sí mismo el administrador: "¿Qué haré, pues mi señor me quita la administración? Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza.
4 Ya sé lo que voy a hacer, para que cuando sea removido de la administración me reciban en sus casas."
5 Y convocando uno por uno a los deudores de su señor, dijo al primero: "¿Cuánto debes a mi señor?"
6 Respondió: "Cien medidas de aceite." El le dijo: "Toma tu recibo, siéntate en seguida y escribe cincuenta."
7 Después dijo a otro: "Tú, ¿cuánto debes?" Contestó: "Cien cargas de trigo." Dícele: "Toma tu recibo y escribe ochenta."
8 El señor alabó al administrador injusto porque había obrado astutamente, pues los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz.
9 Yo os digo: Haceos amigos con el Dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, os reciban en las eternas moradas.»
Comentarios a la Parábola "Administrador infiel"
Gunther Schiwy, "Iniciación al Nuevo Testamento", Ed. Sígueme, España, 1.969
Comentarios a Lc 16, 1-9
En la parábola del mayordomo infiel lo ejemplar es su prudencia. El rico,
seguramente un gran terrateniente, está resuelto a despedir a su mayordomo,
en quien no tiene ya confianza. Pero antes tiene que rendir cuentas. En esta
delicada situación, el mayordomo demuestra ser un calculador sereno, que
reflexiona, mira el porvenir sin ilusiones y sabe salir de apuros. Y precisamente
en su prudencia está su ejemplaridad, no en el fraude, que le asegura un
porvenir tranquilo, sin preocupaciones. Los deudores eran o aparceros que tenían
que pagar aún ciertas rentas, o mercaderes a quienes se les había vendido
a crédito. El aceite correspondía a la cosecha anual de 160 olivos; en cuanto
a valor, se rebajó aproximadamente igual a los dos deudores; pero sólo se los
toma como ejemplo. El mayordomo hizo lo mismo con todos. El Señor (cf. Mc16, 19),
-seguramente otra vez Jesús que aplica religiosamente la parábola- alabó al mayordomo,
no por su iniquidad, sino porque obró prudentemente. ¡Así arreglarán los hijos
de la luz, tan a tiempo y discretamente, sus asuntos con Dios, y persiguieran
tan consecuentemente sus fines eternos, como los hijos de este siglo persiguen sus fines terrenos
en el comercio o trato de unos con otros! Tal es el sentido de la parábola
escándalosa
San Agustín
Sermón 359,10
«¿Por qué propuso el Señor esta parábola? No le agradó aquel siervo fraudulento, que defraudó a su amo y sustrajo cosas que no eran suyas. Además las hurtó a escondidas, y le causó daño preparándose un lugar de descanso y tranquilidad para cuando tuviera que abandonar la administración. ¿Por qué propuso el Señor esta parábola? No porque el siervo aquel hubiera cometido un fraude, siendo previsor para el futuro, sino para que se avergüence el cristiano que carece de determinación viendo alabado el ingenio de un fraudulento. En efecto, dice: "los hijos de las tinieblas son más sagaces que los hijos de la luz". Ellos comenten fraudes mirando al futuro. ¿Mirando a qué vida tomó precauciones aquel mayordomo? Mirando a aquella vida a la que tendría que pasar cuando se lo mandaren. Y si él se preocupó por la vida que tiene un fin, ¿tú no te preocuparás por tu vida eterna?».
La Biblia, La Casa de la Biblia, Ed. Verbo Divino, 1992
Comentarios a Lc 16, 1-9
La parábola inicial (Lc16, 1-8)
pone como ejemplo la habilidad de un administrador infiel que sabe hacerse
amigo con los bienes de este mundo. Así también los hijos de la luz, los creyentes,
deben hacerse amigos con los bienes de este mundo poniéndolos al servicio de los
demás. De esta manera nunca caerán en la adoración del Dios dinero (Lc16,13).